Liderar como Jesús: lo que aprendemos con Judas Iscariote

 

Liderar como Jesús: lo que aprendemos con Judas Iscariote

La historia de Judas va más allá de la traición. Revela principios de liderazgo, paciencia y desarrollo que nos desafían a amar incluso a quienes nos decepcionan.

Incluso sabiendo de la traición, Jesús eligió a Judas y lo lideró con amor y paciencia hasta el final (Foto: Shutterstock).

La historia de Judas Iscariote muchas veces solo se cuenta por su desenlace trágico, pero hay algo mucho más grande detrás: una gran lección de liderazgo, paciencia y desarrollo. Judas no fue un accidente en el grupo de los doce discípulos. Él fue elegido por Jesús, con intención y propósito, así como los demás. En Lucas 6:12-16, vemos que Cristo pasó una noche entera en oración antes de tomar esa decisión. Eso nos muestra que su elección no fue precipitada, sino fruto de un tiempo de búsqueda ante Dios.

Judas caminó con Jesús, aprendió directamente con él y fue testigo de milagros extraordinarios. En Mateo 10:1-4, la Biblia nos dice que Jesús le dio a él y a los demás discípulos autoridad para curar, expulsar demonios y predicar el reino de Dios. Eso significa que Judas no era solo un espectador, sino que era parte de la misión. Él tuvo las mismas oportunidades que Pedro, Juan y los demás. Y, aun así, siguió un camino diferente.

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Al ver la forma como Jesús lideró a Judas, encontramos un principio poderoso. En el liderazgo actual, es común que, al percibir que alguien que piensa o actúa de forma diferente, o que puede representar un riesgo para nosotros, nuestra tendencia es eliminarlo, apartarlo o ignorarlo. Muchas veces, elegimos rodearnos solo de quien está de acuerdo con nosotros o que nos apoya incondicionalmente. Pero Jesús nos enseña algo completamente diferente.

Liderar no es controlar

Él sabía quién era Judas. Conocía sus intenciones, sus inclinaciones e incluso su futura traición. Pero, en ningún momento lo rechazó. Por el contrario, lo tuvo cerca, dándole la oportunidad de aprender y ser transformado hasta el último instante. En esa última cena, por ejemplo, Jesús lavó los pies de Judas, así como lo hizo con los demás discípulos (Juan 13:5). Ese gesto de amor y humildad muestra que, incluso sabiendo lo que estaba por venir, Jesús le ofrecía un camino de redención.

Eso nos enseña que el verdadero liderazgo no se basa en la exclusión, sino en el desarrollo. ¿Cuántas veces nos apresuramos a descartar personas porque no corresponden a nuestras expectativas? Sin embargo, Jesús nos muestra que debemos aprender a liderar a quienes son desafiantes, quienes piensan diferente de nosotros e incluso a quienes nos decepcionan. Un verdadero líder no se apresura en darse por vencido con las personas, sino que invierte en ellas, dándoles la oportunidad de crecer y madurar. 

La gran verdad es que Dios les da oportunidades a todos, pero cada uno de nosotros es responsable de las elecciones que realiza. Judas tuvo todo: convivencia con el Maestro, enseñanzas profundas, poder para operar milagros. Sin embargo, su corazón tomó otro camino. En Juan 6:70, 71, Jesús dice: “¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?”. Él sabía que Judas no permanecería fiel, pero eso no le impidió que caminara a su lado. Eso nos recuerda que Dios no fuerza a nadie a seguirlo. Él les da a todos la libertad de elegir.

Influenciar con paciencia

Esta historia nos enseña algo muy valioso: no siempre veremos los frutos de nuestra inversión en alguien. Podemos enseñar, aconsejar, dar oportunidades y, aún así, algunas personas elegirán otro camino. Pero eso no debe impedirnos liderar con amor y paciencia. Si incluso Jesús, siendo perfecto, tuvo a alguien en su círculo que no le correspondió, ¿quiénes somos nosotros para esperar que todos a nuestro alrededor sean exactamente como nos gustaría?

Judas nos recuerda que ser llamado no significa ser forzado a permanecer. Y Jesús nos enseña que el verdadero liderazgo no controla, sino que influencia. En lugar de rechazar a los difíciles, él los mantuvo cerca, enseñando hasta el fin. Si queremos liderar como él, debemos aprender a ver más allá de las fallas y creer en el potencial de las personas. Algunas cambiarán, otras no. Pero nuestro papel no es darnos por vencidos, sino ofrecer el camino.

Si incluso Jesús, conociendo el corazón de Judas, eligió amarlo y enseñarle hasta el último instante, también podemos aprender a lidiar con las personas a nuestro alrededor con más gracia, paciencia e incluso fe. Después de todo, el verdadero liderazgo no se trata de tener el control, sino de ser una influencia capaz de transformar vidas.

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