Llamados a una misión global: el efecto transformador del Congreso de la Asociación General
La reunión mundial de la Iglesia Adventista inspira la fe, fortalece la unidad e impulsa la predicación del evangelio en más de 200 países.
Cada cinco años, uno de los eventos más representativos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día moviliza a miles de miembros, líderes y pastores: el congreso de la Asociación General. En su 62ª edición, que se llevará a cabo en Saint Louis, Estados Unidos, cerca de 2.800 delegados de más de 200 países se reunirán entre el 3 y el 12 de julio con un único propósito: orientar los pasos de la Iglesia Adventista para los próximos años. Pero ¿qué significa realmente participar de este encuentro? ¿Y cómo repercute en la vida y la misión de cada miembro y pastor?
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La visión amplia de la misión
Para el pastor Diego Flores, que vive en Paraguay y participará por primera vez de un congreso, el sentimiento es un “verdadero privilegio y alegría”. Su expectativa va más allá de una simple participación. “Mi mayor deleite será ver cómo, juntos, como Iglesia, de forma representativa y bajo la dirección de Dios, podremos tomar grandes decisiones para seguir predicando el mensaje del advenimiento de Jesús en esta generación”, detalla. Esa atmósfera de unidad y propósito es, para él, el motor que impulsará a pastores y delegados a avanzar “con paso firme en la predicación del Evangelio”.
En 2022, el congreso de la Asociación General tuvo que adaptarse. A causa de la pandemia de Covid-19, además de modificar la periodicidad de cinco años, se realizó en un formato híbrido, con delegados presentes físicamente en Saint Louis y otros que participaron de forma virtual. Fue así como Débora Possmoser, miembro voluntario de Ji-Paraná, en Rondônia, pudo conocer un poco más de la Iglesia Adventista alrededor del mundo.
Ella cuenta que se sintió “extremamente honrada” al ser elegida para ser delegada para su primer congreso. Aunque participó a través de una pantalla, fue motivada por un “profundo sentido de responsabilidad con la misión” y vio de cerca la “unidad del pueblo de Dios, incluso en medio de la diversidad de culturas y lenguas”. Para ella, el encuentro amplía la visión “de lo que significa ser adventista” y muestra que “la misión está viva en todos los rincones del planeta”.
Ahora, Thayse Queiroga, de São Luís, estado de Maranhão, podrá ver de cerca esa diversidad. En su primera participación en un congreso de la Asociación General, la abogada enfatiza: “Espero experimentar la unidad en la diversidad: hermanos y hermanas de tantas partes del mundo reunidos para orar, tomar decisiones y construir juntos el futuro de la misión. Estoy ansiosa por escuchar testimonios, aprender de otras realidades y participar activamente en las decisiones que impactan a la iglesia global. Deseo ser sensible a la voz del Espíritu Santo en cada momento”.
La fuerza de la unidad y el compromiso renovado
Desde la ciudad de Poços de Caldas, sur del estado de Minas Gerais, el pastor Rogério Sathler ya conoce la magnitud de los congresos. Se está preparando para su segunda participación como delegado. Estuvo en Atlanta, Estados Unidos, en 2010, y ahora estará en Saint Louis. La dimensión del evento refuerza su convicción. “Solo quienes participan de un congreso de la Asociación General tienen una noción real del alcance y la dimensión de la Iglesia a nivel mundial. Ver allí cómo Dios usa diferentes culturas, países, pueblos y lenguas nos da aún más fuerza para regresar a nuestra iglesia local y apresurar el gran día del regreso del Señor”, afirma con convicción.

Diego Flores ve en la tecnología y en las nuevas generaciones una “gran oportunidad” para la Iglesia. Espera encontrar allí “métodos actuales de evangelismo público y de plantación de iglesias en lugares donde no hay presencia adventista”. Espera que su participación le brinde “un panorama mucho más claro y amplio sobre la visión y la misión de la Iglesia en el mundo”, lo que reforzará su confianza en la organización adventista.
Débora, por su parte, buscó una preparación espiritual profunda, con oración, ayuno y estudio. Lo que más deseaba obtener del evento era un “sentido renovado de misión y una visión global de la iglesia”, y es exactamente lo que ocurrió. Para ella, la experiencia “vuelve a encender una llama”, que la inspira a ser “más activa en la misión local, con más dedicación y pasión”.
Impacto y mensaje para el rebaño
Rogério Sathler señala un desafío central: “Seguir siendo una iglesia relevante en el momento histórico en que vivimos. Alcanzar corazones cada vez más secularizados es un enorme desafío”. Sin embargo, el congreso de la Asociación General refuerza la unidad, lo que demuestra que “nuestras creencias y principios, nuestra visión profética y nuestro compromiso con la misión nos muestran que, como Iglesia, estamos en el camino correcto”. Sus palabras resuenan como una trompeta: “¡Somos una Iglesia que proclama un mismo mensaje: Jesús viene pronto! ¡Esta es la Iglesia que trae el mensaje del Cielo!”
Al regresar, Diego Flores espera transmitir a sus miembros “la certeza de que, juntos como Iglesia, seguimos los pasos del Señor, de manera ordenada, pero con osadía, predicando el mensaje de Salvación”. Concluye con una reflexión para a los adventistas: “Hoy debemos estar agradecidos a Dios por poder seguir reuniéndonos en libertad, avanzando juntos y perseverando en nuestra relación personal con nuestro salvador Jesucristo. Pienso que cada persona que en la actualidad forma parte de nuestra Iglesia debería mirar el mundo, su ciudad, su barrio y su familia con los ojos de Jesús y no escatimar esfuerzos para que la obra del Señor avance cada día”, enfatiza.
Débora sueña con “involucrar a más personas, especialmente a los jóvenes, y ayudarlos a entender que también forman parte de un movimiento mundial de esperanza”. Su mensaje para quienes siguen todo a distancia es una invitación a la oración y la participación: “La misión es nuestra y sigue viva en cada iglesia local, cada hogar y cada corazón dispuesto”.
El congreso de la Asociación General es, por lo tanto, más que un evento. Es un eslabón que une corazones, mentes y propósitos. Es donde la iglesia global reafirma su identidad y su llamado, donde se proyecta la esperanza para un mundo que la anhela.
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