Datos muestran el comportamiento de los jóvenes en relación con la religión en la última década
Cifras del Censo 2022 de Brasil comparadas con las de la Iglesia Adventista ofrecen un panorama para entender el comportamiento de los miembros de la denominación.
El número de evangélicos ha crecido en Brasil. Así lo muestra el Censo publicado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), con datos recopilados en 2022. El porcentaje pasó de 21,7% a 26,9%, es decir, un crecimiento de poco más de cinco puntos porcentuales.
La mayoría de quienes integran este grupo tiene entre 10 y 29 años. Hoy, son el mayor segmento entre los cristianos no católicos del país. Esta realidad también se refleja en las cifras de la Iglesia Adventista en Sudamérica. Actualmente, 1.007.026 miembros tienen esa edad, lo que representa el 37,32% del total. En cuanto a los bautismos, los niños entre 10 y 15 años están en la cima. El desafío es que, en los años siguientes, también se convierten en el grupo que más abandona la iglesia.
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Parte de los jóvenes entre 18 y 30 años están dejando la denominación, y las razones son diversas. Para el pastor Carlos Campitelli, director del Ministerio Joven de la Iglesia Adventista para ocho países de Sudamérica, esto puede ocurrir por falta de estructura familiar, presión de compañeros, dificultad para integrarse en un grupo o por no sentirse parte del ambiente religioso debido a conflictos generacionales y falta de espacio para actuar de forma más relevante. A veces, el adolescente simplemente espera alcanzar la mayoría de edad para romper con las tradiciones u obligaciones familiares y seguir su propio camino.
Nuevas generaciones
En la Iglesia Adventista, es común que los preadolescentes y adolescentes pasen el período entre los 10 y 15 años en un Club de Conquistadores y, en algunos casos, también en una Escuela Adventista. Estas dos estructuras promueven un ambiente que incentiva el estudio de la Biblia y la construcción de un círculo social más sólido, un factor importante en esta etapa de la vida.
Para el pastor Edward Heidinger, secretario ejecutivo de la Iglesia Adventista para ocho países sudamericanos, la expectativa es que los jóvenes tengan un conocimiento más profundo del contenido bíblico y, como consecuencia, una relación más sólida con Dios. Paralelamente, se incentiva a pastores y líderes a abrir espacio para que ellos puedan contribuir con sus talentos y perspectivas.
Según el psicólogo Erik Erikson, como se describe en Identidad: Juventud y Crisis (1968), para el ser humano no tiene sentido estar vivo sin un sentido de identidad. Entendiendo este concepto, Heidinger destaca que el trabajo con la “nueva generación es discipulado, identidad”. Y esto forma parte de las prioridades estratégicas de la Iglesia Adventista para los próximos cinco años. Es decir, fortalecer el sentido de pertenencia de este individuo como cristiano adventista del séptimo día.
A partir de la Planificación Estratégica Integrada que se está desarrollando en conjunto con líderes de la Iglesia Adventista en Sudamérica —reuniendo administradores y directores de departamentos de ocho países— la intención es contrarrestar la proyección de que, en algunos años, el número de jóvenes podría dejar de ser mayoría en la iglesia.
Hace cinco años, explica Heidinger, el grupo de personas entre 18 y 30 años representaba el 28,1% de los miembros. Ahora, son el 25,6%. Es decir, está en descenso. El objetivo, entonces, con este trabajo más estratégico, es revertir esa tendencia.
Propósito e identidad
En Tocantins, un proyecto está cambiando esta realidad. Creada en 2020, la iniciativa surgió para dar un propósito a los jóvenes por medio de los Grupos Pequeños (grupos de estudio que generalmente se realizan en los hogares, similares a células). En ese momento, llamado Generación Misionera, ahora Comunidad Joven, los miembros de 16 a 30 años trabajaron a partir de tres pilares principales: comunidad, actividades misioneras y estudios bíblicos.
Además del estudio de la Biblia, desarrollan actividades con la comunidad, practican deportes juntos y crean iniciativas para atraer personas a conocer a Jesús por medio de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Según el pastor Samuel Bruno, presidente de la denominación en el estado, se identificó que los jóvenes tienen necesidad de pertenencia, de un sentido de propósito mayor. Y, a pesar de cierta resistencia a lo que es muy institucional, las nuevas generaciones tienen una fuerte adhesión a propuestas misioneras.

Hace cinco años, poco más de 400 jóvenes en ese rango de edad dejaron la iglesia en Tocantins. En 2024, fueron 242. El número cayó casi a la mitad. Para Bruno, la clave está en la simplicidad y constancia. A lo largo de este período de cinco años, el proyecto sufrió solo pequeños ajustes, dando tiempo para que líderes y jóvenes comprendieran y pusieran en práctica cada etapa. Así, hay tiempo suficiente para ver los resultados.
Evento versus discipulado
Es muy común que el Ministerio Joven se caracterice por la realización de varios eventos especiales que incentivan la misión y la comunión con Dios. Un ejemplo presente en diversos lugares es el Encuentro de Jóvenes con Cristo (EJC). Tiene un enfoque evangelístico y está abierto a cristianos o no cristianos, independientemente de su denominación religiosa. Se trata de un fin de semana en el que los “encontristas”, es decir, quienes ya participaron del encuentro, invitan a otras personas a vivir la misma experiencia de conexión entre amigos y con Dios.
En el intento de convertir el movimiento misionero en algo permanente, y no solo en un conjunto de acciones aisladas, Lucas Silva, abogado de 30 años que es, desde 2019, el coordinador general de Jóvenes en Tocantins, propuso un cambio. La propuesta era conectar a quienes vivieron una experiencia intensa con un acompañamiento permanente, sumado al estudio de la Biblia.
“La idea surgió de la necesidad de adaptar los programas existentes a la misión de los jóvenes adventistas en un proceso estructurado y continuo, con un objetivo claro: levantar una generación misionera en el estado”, explica Silva.
Según él, “aunque el EJC ya existía antes de esta estructuración, necesitaba incorporarse a un proceso que ayudara a los jóvenes a mantenerse conectados y desarrollar el discipulado”. Añade que “el encuentro ha sido planeado no solo como un evento de tres días, sino como una parte estratégica de un camino de crecimiento espiritual y misionero para los jóvenes”.
Y en las iglesias que adoptaron las comunidades jóvenes, es visible que el impacto llegó a todas las edades. “Percibo que aquellas iglesias en las que se da espacio a los jóvenes, todas las áreas crecen juntas, porque se genera allí una vivacidad, un nuevo ánimo, nuevos liderazgos. Eso impulsa, anima a los hermanos. De alguna manera, encanta y la iglesia termina avanzando”, resume el pastor Samuel Bruno.

Tanto él como Lucas Silva coinciden en que, en un ambiente seguro y estructurado, las comunidades jóvenes fortalecen la fe de los participantes, pues ofrecen una relación profunda con Dios y el prójimo, proporcionando pertenencia, apoyo y un sentido de propósito que difícilmente se alcanzaría en una experiencia religiosa superficial.
En 2024, el Ministerio Joven para Sudamérica lanzó el MRNT. La sigla representa misión, relación, nutrición y templo. Este plan busca fortalecer cuatro pilares representados por los siguientes elementos: dedicación a la misión de evangelismo y voluntariado; las relaciones interpersonales; el estudio de la Biblia; y la participación en el liderazgo de la iglesia. A partir de 2026, cada año tendrá énfasis en uno de estos aspectos.
En la misma línea de pensamiento, el pastor Edward Heidinger señala que el plan busca reforzar la comunión, la identidad y el propósito de este grupo, buscando caminos para revertir el pronóstico de pérdida de jóvenes en la Iglesia Adventista en los próximos años.
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