Medicina, salvación y misión

 

Medicina, salvación y misión

Cómo la obra médico misionera inspira el servicio hacia los demás y fortalece la comunión con Dios

Una de las citas médicas que realicé con la ayuda de un traductor en Líbano, en 2024. (Foto: Divulgación)

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Al tener esto en mente, como actual responsable del área de misiones de la Asociación de Médicos Adventistas (AMA), en octubre de 2024 inicié una campaña diaria de oración con el grupo de voluntarios que iría a la Amazonia. Esa misión tuvo lugar en enero de 2025.

Al subir a nuestro barco, ya en Manaos, escuchamos que, cuatro meses antes, aquella embarcación había quedado encallada debido a una gran sequía que se estaba produciendo. Nosotros, a 4.000 km de distancia, no sabíamos nada de eso. Durante ese período, existió el riesgo real de que nuestra misión fuera cancelada. “Hace exactamente una semana, el sábado, vinieron lluvias intensas que llenaron los ríos y permitieron que el barco flotara, haciendo posible prepararlo para el viaje”, contó el líder. ¡Fue un milagro de Dios!

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Escribo este artículo en una hermosa mañana, en medio de las montañas del sur de Minas Gerais. Siento la naturaleza, con la paz y la tranquilidad que vienen de Dios. Estoy aquí después de participar en el 11º Congreso Sudamericano de la AMA. Tanto en el encuentro como en estos días de descanso, he pensado mucho sobre medicina y misión.

En los congresos de la AMA, puedo reencontrar personas y hacer nuevas amistades, escuchando historias milagrosas que ocurrieron en la vida de los pioneros de la obra médico-misionera adventista. Esas experiencias, carreras y ministerios construidos para honrar el nombre de Dios y servir a los desamparados me hacen reflexionar sobre la gran responsabilidad que tengo frente a su llamado como médico, líder de familia y de ministerios de la Iglesia.

Llamado y dependencia de Dios

Ejercer la medicina, haciendo de ella un instrumento de salvación, sanidad y alivio para el dolor humano, no es fácil. Todo comienza en la adolescencia y la juventud, atravesando innumerables materias, prácticas y guardias en la facultad, y continúa durante los años de trabajo dedicados a la profesión y a los estudios complementarios.

Es importante que cada uno tenga en su corazón un profundo respeto por lo que ha recibido de Dios a lo largo de su vida. Estoy seguro de que cada médico o médica ha pasado por enormes desafíos, obteniendo grandes victorias para llegar hasta donde ha llegado. En mi caso, ya son casi 25 años que trabajo en el servicio público, en diversas empresas y en mi clínica. Soy, con alegría y satisfacción, un voluntario de la AMA. Sirvo en diferentes sectores de la Iglesia Adventista y siento una profunda gratitud a Dios por la influencia de mis padres. Mi padre, médico, y mi madre, enfermera, junto con otros miembros de mi familia, siempre trabajaron por el bienestar de las personas y por la predicación del evangelio.

Consultas con varios médicos de la AMA, en una sala de un centro de salud en la Amazonía (Foto: Archivo personal)

Estoy agradecido por las escuelas adventistas donde estudié, por las facultades y posgrados que concluí, y por las oportunidades de trabajo que él me ha dado. Sé que mi vida e historia fueron moldeadas y guiadas por Dios, incluso cuando fui débil o indeciso. Eso fortalece mi deseo de mantener comunión con él. Me recuerda que la compañía de personas con ese mismo propósito me hace más fuerte, conforme a la oración de Cristo en Juan 17:21, en la que él pide al Padre “para que todos sean uno”.

El llamado de Dios a estar con él, oír su voz y cumplir su voluntad es constante y diario. En Isaías 30:21 leemos: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: ‘Este es el camino; andad por él’, y no os desviéis ni a la derecha ni a la izquierda”. Este texto siempre me ayuda cuando estoy en medio de dudas e incertidumbres. En un mundo donde las personas viven apresuradas, ansiosas e infelices, es necesario tener propósitos más elevados y nobles para la vida. Y eso solo puede venir de Dios.

Equilibrio en la profesión y en la vida

Para el médico cristiano, la decisión de salir de ese ciclo perjudicial del mundo marcará toda la diferencia. Aún cuando crea en Dios, quien desea promover consuelo, alivio o sanidad también necesita practicar lo que profesa. Nadie puede dar lo que no posee. Lo vivo constantemente. Cuando leo la Biblia, escucho sermones equilibrados, canto y oigo alabanzas espirituales, me siento más fuerte para enfrentar las dificultades de la medicina y ofrecer conocimiento, soluciones y consuelo con profesionalismo.

El equilibrio en la rutina diaria es un gran desafío. El profesional de la medicina, desde la etapa de estudiante, debe practicar los principios básicos de la salud: alimentación saludable, actividad física, abstinencia de adicciones, descanso adecuado, espíritu alegre, fe inquebrantable, equilibrio en las horas de trabajo, etc.

Un desafío aún mayor es el manejo del tiempo: es necesario tener tiempo para cuidarse a sí mismo, para cuidar de su matrimonio, para estar con los hijos. En ese contexto, muchas veces surge la preocupación por las finanzas, y el médico cristiano debe cultivar aún más la fe en Dios. Su promesa en Mateo 6:33 es darnos todo lo que necesitamos para vivir, después de buscar su reino y su justicia en primer lugar. La Biblia está llena de promesas divinas que muestran su compromiso de cuidar a quienes se dedican a él, a la familia y a la misión. Quien tiene como meta ser un agente de Dios necesita confiar en esas promesas, dar los pasos necesarios en cada área de la vida y avanzar sin temor.

Disposición para servir

Necesito confiar en los talentos que Dios me ha dado, guiar mi vida por el amor a la profesión y al paciente, ser sensible al sufrimiento humano, saber trabajar en equipo y reconocer mis limitaciones. Debo tener buena comunicación con mis pacientes, seguir el código de ética con una postura equilibrada en mis palabras, vestimenta, presentación personal y actitudes. Nadie es perfecto, lo sé. Pero no debo tratar mal a las personas ni ser descuidado. No debo usar un lenguaje grosero, ni faltar el respeto por el sufrimiento humano o actuar de manera deshonesta, negligente o arrogante. Si eso ocurriera, debo corregirme y mitigar los efectos negativos con humildad y un cambio de actitud.

La mayor recompensa es el abrazo, la mirada, la sonrisa, las palabras de gratitud e incluso las lágrimas de alegría de quienes pude socorrer y ayudar. Es gratificante leer el historial de los pacientes y ver la buena evolución de los tratamientos realizados.

Equipo médico durante el período de atención en la Amazonía en 2025. (Foto: Divulgación)

Es una gran felicidad tener recuerdos de trabajos médicos exitosos e intervenciones reales de Dios en mi vida, algo que nadie puede quitarme. Guardo con cariño las fotos y uniformes de las misiones que realicé. Son milagros que cuento a otros médicos, estudiantes y a todo aquel que quiera oír sobre medicina y misión.

Influir para bien es maravilloso. Mi hijo Benício, de siete años, ha dicho que quiere participar en más misiones (ya participó en una este año). Y, para mi sorpresa, recibí hace poco el hermoso mensaje de una amiga. Ella contaba que su hijo, de seis años, había dicho que, cuando creciera, sería médico misionero como el “tío Edson”. Lloré en ese momento y pensé: “¡Vale la pena!”.

Practicar la medicina misionera de Cristo cada día me protege de la maldad del mundo. Que vengan más misiones y milagros. Quizás también más lágrimas, pero que sean de alegría y de victorias que vengan de Dios.

Edson Jara es biólogo, médico y especialista en Medicina Familiar, con posgrado en Psiquiatría. Actualmente es responsable del área de misiones de la Asociación de Médicos Adventistas (AMA).

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