Lectura con criterio
El papel de la lectura en la edificación del carácter y en el fortalecimiento de la fe.

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Leer estimula el cerebro, mejora la memoria, promueve una sensación de bienestar, amplía horizontes y repertorio, transforma mentalidades e influencia nuestra forma de actuar, además de ofrecer muchos otros beneficios.[i]Aún así, este hábito no es una realidad para muchos. Como lo expresó el poeta Carlos Drummond de Andrade: “La lectura es una fuente inagotable de placer; pero, por increíble que parezca, la casi totalidad no siente esta sed”.
En América Latina, solo el 39,4% de las personas se considera un lector frecuente o habitual, según un estudio regional de YouGov divulgado en 2024.
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En contextos como estos, algunos esfuerzos para formar lectores pueden terminar relativizando la importancia del contenido. Después de todo, se puede pensar que lo importante es leer, independientemente de lo que se lee. Evidentemente, ese no es el tipo de pensamiento con el cual el apóstol Pablo estaría de acuerdo, al declarar: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).
La importancia de los filtros
Recientemente, participé de la grabación de un episodio del podcast Inverso, que aborda las precauciones con la lectura. Como de costumbre, antes de iniciar la conversación sobre el tema, el equipo de producción puso una caja sobre la mesa. Al abrirla, el presentador siempre pide que los invitados relacionen el contenido que hay dentro del embalaje con el tema en cuestión. En ese episodio, la caja “misteriosa” tenía un colador.
Una de las primeras conexiones que se hicieron fue la necesidad de establecer filtros; un criterio que se aplica no solo a lo que leemos, sino también a lo que oímos y miramos. Sabemos que la lectura, así como los contenidos audiovisuales, no es neutra, pues trae historias, ideas y valores que moldean nuestra visión del mundo.
Por eso, la “revolución” literaria que algunos afirman que está ocurriendo levanta puntos de atención. Al contrario del sentido común, de que la generación de nativos digitales no lee, sí hay jóvenes lectores que devoran incluso grandes narrativas.[iii] Según el estudio regional de YouGov sobre hábitos de lectura en América Latina, los géneros más leídos entre los jóvenes son ficción, romance y fantasía.
Ellos han buscado lecturas que despierten emociones intensas y funcionen como un escape de la realidad, dando preferencia a obras de fantasía, ciencia ficción y terror. Entre los jóvenes, las narrativas sobrenaturales y romances con relaciones poliamorosas están en alta.[iv]
Los cristianos y la literatura
Elena G. White, que escribió más de 100 mil páginas a lo largo de 70 años de ministerio, aconsejó a sus lectores a tener siempre “un libro en la mano” y a aprovechar los “fragmentos de tiempo” para estudiar, leer y meditar.[v] Sin embargo, ella también orientó sobre la elección de la lectura, resaltando los peligros de ser corrompidos por libros inapropiados.
Al hablar sobre la influencia de la lectura nociva, la autora observó: “Satanás sabe que la mente es afectada en extenso grado por lo que la alimenta. Trata de inducir a los jóvenes y adultos a leer libros de cuentos, novelas y otras publicaciones. Los lectores de semejante literatura llegan a ser ineptos para cumplir los deberes que tienen delante”.[vi] Ella llegó a decir que “La naturaleza de la experiencia religiosa de una persona se revela por el carácter de los libros que escoge para leer en los momentos desocupados”.[vii]
Pero, ¿qué es lo que Elena G. White entendía por literatura nociva? Por lo que todo indica, ella no condenaba la ficción de modo general. Además, la propia autora mencionó en sus escritos obras de ficción como El progreso del peregrino, de John Bunyan, un clásico alegórico del siglo XVII. Sin embargo, alertó contra tipos específicos de obras que se habían popularizado en su época, a los cuales se refería como “ficción de baja calidad” o “romances sensacionalistas”, entre otros términos aplicados a esos géneros.[viii]
Lecturas convenientes
Los diversos estudios sobre el tema llevaron a la Iglesia Adventista a establecer, décadas más tarde, recomendaciones para la enseñanza de literatura en las escuelas adventistas. Al abordar específicamente la relación entre Elena G. White y la ficción, existe un documento preparado por el Departamento de Educación de la sede mundial de la denominación en la década de 1970. Por ejemplo, “entendió que ella ‘usó el término ficción para referirse a las obras con las siguientes características: (1) adictivas; (2) sentimentalistas, sensacionalistas, eróticas, profanas o inútiles; (3) escapistas, haciendo que el lector se vuelva hacia un mundo de sueños y sea incapaz de lidiar con los problemas de la vida cotidiana; (4) que inhabiliten la mente para el estudio serio y la vida devocional; (5) que consumen tiempo y no tienen valor’ (Department of Education, 1971, p. 4)”.[ix]
La experiencia de un profesor, relatada hace algunos años en la Revista Educación Adventista, me ayudó a reflexionar sobre el tema.[x] Derek C. Bowe vivió en un periodo de inmersión en obras literarias seculares. Sin embargo, a lo largo de los años, sus experiencias con alumnos y sus reflexiones, basadas en la Biblia y en los escritos de Elena G. White, lo llevaron a reevaluar el papel de la ficción.
Él defiende que la ficción solo es válida cuando sigue el modelo de enseñanza de Jesús, observado, por ejemplo, en sus parábolas, o sea, cuando promueve valores elevados y contribuye a la edificación del carácter. Así, argumenta que los cristianos deben evitar las obras que contraríen los principios bíblicos y priorizar los contenidos que fortalezcan la fe y la pureza moral.
Criterios editoriales
Por eso las editoras adventistas, como la Casa Publicadora Brasileña (CPB) son bastante criteriosas en sus publicaciones, siguiendo parámetros sólidos, fundamentados en los principios editoriales de las Escrituras y de los escritos de Elena G. White. Para quien quiera profundizar en el tema, vale la pena consultar la tesis de doctorado defendida por el pastor Wellington Barbosa en la Universidad Andrews (en portugués aquí). Ese amplio estudio fue fundamental para estructurar el nuevo manual editorial de la CPB, lanzado este año.
Sintetizando las conclusiones del estudio del gerente editorial de la institución, la diversidad de los géneros literarios puede servir como herramienta eficaz para la transmisión de valores espirituales, siempre que esté orientada por criterios bien definidos. Esa directriz implica evitar contenidos que comprometan la fe, la formación moral o el desarrollo intelectual, al mismo tiempo en que se prioriza la calidad literaria, la profundidad y la coherencia de las narrativas.
En ese contexto, la ficción es admisible, siempre y cuando obedezca a parámetros rigurosos que eviten distorsiones históricas o bíblicas y hagan explícita la naturaleza de los elementos imaginarios. Así, no se debe atribuir diálogo o pensamientos a objetos inanimados o a seres irracionales. Los recursos como fábulas y personificaciones pueden ser utilizados con criterio, considerándose el público objetivo y los objetivos pedagógicos.[xi] En el caso de narrativas con trasfondo bíblico, la trama no debe alterar ni interactuar directamente con el relato de las Escrituras.
Sepa discernir
La ficción cristiana se ha fortalecido en el escenario literario contemporáneo. Según datos de Google Trends, las búsquedas por términos como “libros de romance cristiano” crecieron más del 600% en los últimos cinco años. A esto se suma el hecho de que incluso las editoras seculares han apostado en autores de este segmento.[xii]
Sin embargo, la expansión del género no elimina la necesidad de criterios por parte de los lectores; al contrario, hace que el discernimiento sea aún más relevante. Más que rotular las obras como “permitidas” o “prohibidas”, el desafío del cristiano es evaluar, de forma intencional, el impacto de lo que consume: si la lectura lo acerca a Dios, si refuerza valores bíblicos y si contribuye para su edificación. En este proceso, es fundamental reconocer que el tiempo también es un recurso espiritual.
Ante esto, cabe la reflexión: ¿la lectura de determinados libros realmente vale la inversión de tiempo? La lectura ideal no es solo la que entretiene, sino también la que profundiza la comprensión de las Escrituras, fortalece la vida devocional y amplía la visión misionera.
Márcio Tonetti es editor de revistas y uno de los coordinadores del Núcleo de Marketing de Contenido (Numac) de la Casa Publicadora Brasileña.
[i] Maiara Ribeiro, “Por que ler faz bem para o cérebro?”, 17 de setembro de 2025, disponível em: https://drauziovarella.uol.com.br/neurologia/por-que-ler-faz-bem-para-o-cerebro.
[iii] Luis Storyteller, “A geração Z não lê? Pense de novo. Vamos conversar sobre a revolução literária que está ocorrendo agora”, 23 de janeiro de 2026, disponível em: https://luisstoryteller.com.br/2026/01/23/a-geracao-z-nao-le-pense-de-novo-vamos-conversar-sobre-a-revolucao-literaria-que-esta-acontecendo-agora/.
[iv] Navkiran Dhaliwa, “Wattpad Survey Reveals Evolving Reading Habits and Skepticism of AI in Publishing”, 10 de Janeiro de 2024, disponível em: https://goodereader.com/blog/commentary/the-future-of-fiction-wattpad-survey-reveals-evolving-reading-habits-and-skepticism-of-ai-in-publishing.
[v] Elena G. White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 278.
[vi] Elena G. White, Mensajes para los jóvenes, p. 192.
[vii] Elena G. White, Mensajes para los jóvenes, p. 193.
[viii] Elena G. White,
[ix] Wellington Vedovello Barbosa, “Elaboração de um Manual Filosófico para Editores da Casa Publicadora Brasileira” (Tese de Doutorado, Universidade Andrews), 2021, p. 55, disponível em: https://digitalcommons.andrews.edu/dmin/798/.
[x] Derek C. Bowe, “Bíblia, Ellen White e ficção: a jornada de um professor,” Revista Educação Adventista, n° 82, v. 1, janeiro a março de 2020, disponível em: https://www.journalofadventisteducation.org/pt/2020.82.1.6.
[xi] Barbosa, “Elaboração de um Manual Filosófico para Editores da Casa Publicadora Brasileira”, p. 252, 253.
[xii] Thais Borges, “Entenda o que é ficção cristã e por que ela tem crescido tanto no Brasil”, 17 de novembro de 2024, site Correio, disponível em: https://www.correio24horas.com.br/asteriscao/entenda-o-que-e-a-ficcao-crista-e-por-que-ela-tem-crescido-tanto-no-brasil-1124.
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